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PALAU DE LA MÚSICA CATALANA
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Declarado
Patrimonio de la Humanidad en 1987, el Palau de la Música Catalana
fue proyectado y construido por el arquitecto modernista Lluís
Domènech i Montaner1
y sufragado por subscripción popular, mediante la emisión de seis
mil obligaciones valoradas en cien pesetas la unidad. Inaugurado en
1908, es la sede del Orfeó Català, la prestigiosa institución
catalana que encargó su construcción, desde el momento de su
fundación. La obra de Montaner, junto a Gaudí uno de los más prestigiosos arquitectos del Modernismo, resulta una mezcla de racionalismo constructivo y de ornamentación fabulosa inspirada en la arquitectura hispano-árabe, además de un gusto por el dibujo curvilíneo, característico de toda la arquitectura modernista. Estas características, que se encuentran presentes no sólo en el diseño del edificio, sino también en los ricos mosaicos que recubren el Palau, en sus cerámicas y en sus vidrieras policromadas, se unen a las aportadas por la multitud de artistas que participaron en su construcción: la Cabalgata de las Valkirias y el busto de Beethoven2, que forman la boca del escenario; los preciosos alto relieves de Eusebi Arnau y Mario Maragliano, con decoración de mosaico-obra, situados al fondo del escenario; la espectacular lámpara central de la sala de conciertos, creada por Rigalt i Granell; o el grupo escultórico de la fachada dedicado a la Canción Popular, obra de Miquel Blay.
Decíamos que el
Orfeó Català, sociedad coral de carácter vocacional fundada en 1891
por Lluís Millet y Amadeu Vives, una institución que ha jugado
siempre un importante papel en la defensa de los valores y la
cultura catalana, tiene su sede en el Palau de la Música desde su
construcción. Esta entidad cultural, que en sus inicios fue sólo un
coro de voces masculinas, se amplió rápidamente con la inclusión del
coro femenino, la creación de una escuela infantil y la aparición de
una revista especializada, la Revista Musical Catalana. Fue entonces
cuando se establecieron las bases para un renacimiento musical en
Cataluña, que culminaron con la construcción de un auditorio propio,
el Palau de la Música. Por medio de la promoción de la música de
carácter popular3
es como el Orfeó pudo hacer llegar al pueblo un sentimiento de
comunidad nacional que se encuentra en el origen de su relación, de
su asimilación como símbolo de un catalanismo unitario, catalanismo
que le ha valido durante las épocas de mayor represión4
todo tipo de problemas de diverso carácter, llegándose incluso a la
prohibición de las actividades culturales promovidas por la entidad. En épocas más recientes se convirtió también el Palau en un marco de prestigio para el movimiento de la Nova Cançó, donde se consagraron figuras de la talla de Raimon5, o para la representación de espectáculos teatrales, donde se llevaron a cabo funciones de un aún inexistente Teatro Nacional entre 1955 y 1967, e incluso, gracias a su innata vocación de modernidad, también han actuado en su escenario figuras de la talla de Woody Allen, Keith Jarret, Paco de Lucía, Jorge Drexler o Norah Jones. Actualmente el Palau de la Música ha sido restaurado y se encuentra en buenas condiciones, inaugurándose también algunos importantes trabajos de ampliación que han permitido añadir una nueva sala para conciertos de cámara construida en el lugar donde hasta entonces se erigía una iglesia El Palau, que durante el año 2008 celebró su Centenario, fue construido como consecuencia de las ideas más avanzadas que dominaban en la sociedad de principios del s. XX. Su trayectoria cultural, no en vano en sus cien años de historia han pasado por su escenario algunas de las figuras más ilustres de la élite musical internacional, como Pau Casals, Jacques Thibaud, Arthur Rubinstein o Josep Carreres, en el ámbito estrictamente musical, orquestas como la Filarmónica de Berlín, con Richard Strauss y Herbert von Karajan, la Filarmónica de Viena o la New Cork Philharmonic, en el ámbito sinfónico, nacida de una genética abierta y moderna, fue erigida de las aspiraciones colectivas de un pueblo y de ahí la singular conexión que siempre ha representado para la ciudadanía barcelonesa y catalana en general. Por ello constituye un patrimonio simbólico y sentimental de todo un pueblo, el catalán, que se ha identificado siempre con su historia. |
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