Actualmente se oye hablar cada vez más del voluntariado, sin embargo
este fenómeno no es nuevo, pues al ojear las páginas de la historia
nos encontramos con muchos ejemplos de hombres y mujeres que
trabajaron arduamente sin ánimo de lucro personal o afán de
recompensa alguna en aras de un bien común; algunos, incluso
llegando a dar sus propias vidas para poder salvar o proteger otras
muchas. El voluntariado no pertenece a ninguna cultura, ni a ningún
período histórico determinado, pero aflora con especial intensidad
en aquellos momentos en los que la tragedia, el infortunio y la
fatalidad, se abaten inmisericordes sobre las gentes en algún lugar
de nuestro planeta. El voluntariado tampoco tiene nacionalidad, ni
color, ni sexo, ni edad, y aunque suele estar protagonizado
mayormente por la juventud, yo he visto viejos muy viejos arrimar el
hombro con coraje ante el peligro y la adversidad. El voluntariado,
por tanto, siempre ha existido y siempre existirá, no puede ser
etiquetado ni convertirse en privilegio exclusivo de ningún grupo,
partido o sector social, porque es patrimonio común del género
humano. Es algo que nace de la voluntad de hacer el bien y se
expresa a través de una labor generosa y solidaria. Algo que es
intrínseco a la propia naturaleza del alma humana... y que está más
allá del tiempo y de las modas... ya que trasciende toda doctrina,
toda ideología y toda creencia. El voluntariado es una actitud noble
y desinteresada que jamás debe ser politizada, explotada o
manipulada, pues al hacerlo estaríamos corrompiendo una de las más
bellas conductas del hombre. Una conducta cuyo cabal ejercicio forma
al voluntario en el desarrollo de valores tan fundamentales como la
solidaridad, el respeto, la colaboración, el trabajo en equipo, la
responsabilidad, la cortesía y la generosidad. Sanos valores que a
nivel humano constituyen una verdadera inversión de futuro. Por eso
la educación es sin duda una forma de voluntariado muy útil a largo
plazo, ya que al inculcar el amor a la Naturaleza estamos ayudando a
evitar futuras catástrofes ecológicas; como educar en la tolerancia,
la solidaridad y el respeto a la vida por encima de todo, es un
eficaz medio de luchar contra el racismo, la discriminación, el
fanatismo, el terrorismo o cualquier forma de conflicto sangriento y
fratricida entre seres humanos.
No cabe duda que, paralelamente al avance de los medios de
comunicación, nuestro mundo se ha ido convirtiendo cada vez mas en
una verdadera «aldea global», en la que es prácticamente imposible
permanecer ignorante de los conflictos y sufrimientos ajenos, por
muy lejanos que estén. Dentro de este panorama,
el voluntariado
aparece como una respuesta válida ante los graves problemas que
acucian a nuestro tiempo. Por ello, cada vez son más los que van
tomando conciencia que todos estamos implicados en el bienestar de
nuestra gran «aldea global», y que las esperadas soluciones y
ayudas no pueden provenir tan sólo de los gobiernos e instituciones
públicas, pues hace falta también el apoyo de las instituciones
privadas y muy especialmente del voluntariado activo, como forma de
iniciativa individual y solidaria.
El voluntariado, nace pues como expresión de un sentimiento de
solidaridad y apoyo hacia los sectores menos favorecidos de nuestra
sociedad, y su ámbito de acción es tan amplio como los problemas
actuales: desde el hambre, la pobreza, el analfabetismo, la escasez
de recursos naturales o la falta de asistencia sanitaria de los
países más subdesarrollados, hasta las catástrofes ecológicas que
amenazan con destruir el equilibrio vital de nuestro planeta. Desde
la asistencia a la tercera edad o a los niños discapacitados, hasta
la lucha sin cuartel contra las grandes enfermedades de nuestro
tiempo, tanto las físicas como el cáncer, la lepra y el SIDA; o las
psicológicas, como la drogadicción, el alcoholismo y la
ludopatía,
sin olvidarnos del voluntariado cultural, que a través de la
educación, la enseñanza y las campañas de concienciación social,
está tomando cada vez un mayor protagonismo en el ámbito de acción
del voluntariado.
Sin embargo, más que centrarnos en el análisis de los graves
problemas mundiales, lo que queremos a través de estas breves
líneas
es, ante todo, ensalzar la labor del voluntario: esa persona
anónima, sencilla y generosa que entrega una parte importante de su
tiempo y de su esfuerzo para «echar una mano» donde más se le
necesite, ya bien sea combatiendo el fuego o las inundaciones;
reforestando las hectáreas calcinadas por las llamas o ayudando a
limpiar los tóxicos vertidos que la imprudencia humana ha volcado
sobre nuestras costas, ríos y mares. Ya bien sea participando en las
campañas educativas de alfabetización y enseñanza de niños pobres, o
aportando consuelo y alegría en asilos, hospitales y sanatorios, el
voluntario entrega siempre lo mejor de sí mismo recibiendo como
única recompensa la sana alegría de haber podido hacer la vida un
poco más soportable a los que sufren, la certeza de haber sido
realmente útil a nuestra sociedad y la satisfacción de saber que uno
ha hecho el bien a los demás... y con eso se da por satisfecho. Por
ello, desde las páginas de El Mundo de Sophia queremos dedicarte
este sencillo homenaje a ti, joven voluntario, cuyo rostro tal vez
nunca será conocido, pero que sin embargo... con tu anónimo
esfuerzo, tu sacrificio generoso, tu mano solidaria y tu noble
compromiso de corazón, estás ayudando cada día a hacer de este mundo
un lugar más bello y mejor... para todos nosotros
¡Gracias,
voluntario!
Francis J.
Vilar
Dr. en
Filosofía de la Educación por el CIHCE y Presidente de la Fundación
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